Los primeros sueños y el arranque (1861-1875)
En aquellos años el Ecuador vivía todavía dividido por la geografía.
Cruzar desde la costa hasta la sierra significaba enfrentarse a caminos apenas transitables,
a leyendas de peligros y a jornadas que podían alargarse más de una semana.
El propio Bolívar, décadas atrás, había necesitado trece días para llegar de Quito a Guayaquil.
Esa realidad pesaba sobre el país como una herida abierta. Fue Gabriel García Moreno quien transformó el anhelo en proyecto.
En 1861, durante su primer período de influencia, la Convención Nacional autorizó al Poder Ejecutivo
a celebrar contratos para construir ferrocarriles o caminos de ruedas desde Babahoyo u otro punto de la costa hasta Quito,
y también hacia otras regiones.
Aquel decreto, firmado el 23 de abril de 1861, fue el primer paso oficial.
García Moreno, sin embargo, comprendió que la empresa completa resultaba todavía desproporcionada para los recursos del erario.
Prefirió entonces concentrar energías en la gran carretera de Quito, que hacia 1872 llegaba ya hasta Sibambe,
con sus 273 kilómetros, más de cien puentes y ciento treinta acueductos.
Solo entonces se atrevió a dar el salto.
Los obstáculos geológicos cerca del litoral le convencieron de que lo más práctico era unir Sibambe con Yaguachi mediante una vía férrea,
aprovechando el río Yaguachi para el tramo final hacia Guayaquil. En diciembre de 1872 firmó los plenos poderes a favor de Antonio Flores,
ministro en Washington, y envió al ingeniero Henry G. Mac Clellan a buscar capitales y materiales en Estados Unidos e Inglaterra.
Al mismo tiempo, el ingeniero ecuatoriano Modesto López, formado en la Politécnica, comenzó a levantar terraplenes desde Sibambe
hacia Licay y la quebrada del Peligro, cerca de Huigra. En Yaguachi se iniciaron los trabajos de dragado del río y la preparación
de la estación junto a la orilla.