El primer gran proyecto: 1906
En noviembre de 1906, el señor J. F. Steffan, en nombre de un sindicato extranjero encabezado por el Barón B. van Dedem, presentó a la Asamblea Nacional un proyecto concreto. Se trataba de construir un puerto comercial en la costa de Esmeraldas (el punto exacto lo decidiría una comisión mixta de ingenieros del Gobierno y de la empresa) y una línea férrea que partiera de ese puerto, pasara por Ibarra y, eventualmente, llegara a Quito.
La propuesta era ambiciosa y, al mismo tiempo, cuidadosa con los intereses del Estado.
La empresa pedía la garantía del Gobierno sobre un interés del 5½ % anual durante 33 años,
pero solo después de que la obra estuviera terminada y entregada al servicio público.
El capital invertido lo fijaría la misma comisión mixta, y la garantía se aplicaría únicamente sobre los gastos reales.
El Estado podía, si quería, amortizar el capital pagando una anualidad fija adicional del 1,1335 %.
Una vez amortizado, el Gobierno recibiría dos terceras partes de las utilidades netas y la empresa solo una.
Si el Gobierno no amortizaba, la empresa explotaría la línea durante 75 años,
compartiendo las utilidades en la proporción de un tercio para el Estado y dos tercios para ella.